La reina del Pang
espero que me perdones por desvelar tu secreto más oculto
Hay un brillo en sus ojos que no había visto ni siquiera en la prórroga de los orgasmos récord del mundo. Un brillo que viene del fondo del túnel del tiempo, y que hemos comprado al pasado al precio que tenían entonces las mismas llamadas de teléfono que ahora nos sostienen a los lados de la cuerda del funambulista los días de diario.
Juega con burbujas con pistolas con relojes que paran el reloj igual que las manos con las que juega paran la sala de máquinas cuando hacen hervir todas las armas.
Cuando inventa con su cuerpo el vocablo destreza.
Juega; en sus pupilas sin fondo me enamoro de la ley de la gravedad
mientras su simpático explorador mira continuamente al cielo.
Ella no deja de hacerlo aunque esté lloviendo,
el cielo, el cielo, mira y se cuelga de él
con burbujas con arpones con forma de lengua que clava del cielo, el cielo
de la boca abierta;
hay un brillo en sus ojos de pantallas de miles de colores
que me recuerda que el mundo se inventó a finales de los ochenta, y que
después de la era nuclear ya sólo nos queda hacer
todo lo que esté al alcance del movimiento de nuestros dedos
para intentar que no nos aplaste cualquier bola enorme y roja
aunque
da igual que nos aplaste, le digo
da igual
siempre quedan veinte céntimos para poder salir sonriendo a la calle y si no
da igual, cariño, da igual,
las reinas tienen bola extra,
las reinas tienen bola extra
y si me besas justo después del game over
mis ojos quedarán tan retroiluminados
que no volverás a tenerle miedo a la oscuridad.
El verano perfecto es una noche de sábado disfrazada de sin techo,
y debe de tener algo de polar esta felicidad pobre, porque de tanto frío
al salir
no hacemos más que abrazarnos.
En las afueras el eclipse de estrellas alfombra de negro
la nueva plusmarca universal.
Hay un brillo en sus ojos que no había visto ni siquiera en la prórroga de los orgasmos récord del mundo. Un brillo que viene del fondo del túnel del tiempo, y que hemos comprado al pasado al precio que tenían entonces las mismas llamadas de teléfono que ahora nos sostienen a los lados de la cuerda del funambulista los días de diario.
Juega con burbujas con pistolas con relojes que paran el reloj igual que las manos con las que juega paran la sala de máquinas cuando hacen hervir todas las armas.
Cuando inventa con su cuerpo el vocablo destreza.
Juega; en sus pupilas sin fondo me enamoro de la ley de la gravedad
mientras su simpático explorador mira continuamente al cielo.
Ella no deja de hacerlo aunque esté lloviendo,
el cielo, el cielo, mira y se cuelga de él
con burbujas con arpones con forma de lengua que clava del cielo, el cielo
de la boca abierta;
hay un brillo en sus ojos de pantallas de miles de colores
que me recuerda que el mundo se inventó a finales de los ochenta, y que
después de la era nuclear ya sólo nos queda hacer
todo lo que esté al alcance del movimiento de nuestros dedos
para intentar que no nos aplaste cualquier bola enorme y roja
aunque
da igual que nos aplaste, le digo
da igual
siempre quedan veinte céntimos para poder salir sonriendo a la calle y si no
da igual, cariño, da igual,
las reinas tienen bola extra,
las reinas tienen bola extra
y si me besas justo después del game over
mis ojos quedarán tan retroiluminados
que no volverás a tenerle miedo a la oscuridad.
El verano perfecto es una noche de sábado disfrazada de sin techo,
y debe de tener algo de polar esta felicidad pobre, porque de tanto frío
al salir
no hacemos más que abrazarnos.
En las afueras el eclipse de estrellas alfombra de negro
la nueva plusmarca universal.
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Dime por qué."